viernes, 18 de agosto de 2017

Confirmación

"Muchas gracias a todos por preocuparos, estoy bien."

Empiezo la entrada con esta frase y la vinculo a lo que hablaba en mi anterior entrada del blog. Tras los hechos de hoy, he visto esa frase decenas de veces. Twitter, Instagram, Facebook. Al parecer la gente ha recibido decenas de muestras de preocupación por parte de los demás.

Hoy me ha salido bien mi forma de vivir: nadie se ha preocupado por mí. O debería decir "casi nadie", ya que una sola persona me ha preguntado por cómo estaba. Por mi parte mejor, porque lo último que quiero es que la gente se moleste y se acuerde de mí. Pero por otro lado, esto confirma lo que decía en la entrada anterior: el valor que tienes como persona se mide según tus relaciones sociales.

Dejando de lado las personas que de antemano sabían que estoy bien, solo uno de mis contactos ha realizado el gesto de preguntarme. Y no, el resto no sabía nada de mi ubicación, o ni siquiera que no soy de Barcelona ciudad. Para toda esa gente, y repito lo que ya redacté hace un par de días, podría desaparecer que no pasaría nada grave. Todo esto solo hace que siga sacando las mismas conclusiones sobre mucha gente.

Mencionando otras cosas, parece que me he dado cuenta de algo sobre mí. Creo que busco una cierta validación constante, porque es algo que podría hacerme sentir bien. El problema es que esa validación nunca va a llegar, por las circunstancias que me rodean. Y en parte me frustra y en parte me resigno y me doy cuenta de que debo aceptar las cosas tan y como son. Porque tampoco es que puedan ser de otra forma.

Cuando me da por hablar con gente para pasar el rato, todo el mundo acaba haciendo los mismos comentarios. Y ahí es cuando me harto, respondo de forma seca y dejo de hablar. Estoy harto de eso ya.

Me estoy cansando ya de este mes. Quiero dejarlo atrás y que no vuelva jamás. Pero aún queda casi la mitad, y no puedo hacer nada para saltármelo. Ojalá pudiese dormir todos los días seguidos. Al fin y al cabo, ya se ha demostrado que casi nadie me echaría en falta salvo que necesitaran algún favor. Pocas veces me he sentido tan solo, la verdad.

Suficiente desahogo por hoy. Debería volver a intentar dormir. Y no volver a pensar en todo lo que acabo de soltar.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Insignificante

He estado pensando en el valor que tengo como persona. Y he llegado a la conclusión de que es nulo.

Todo el mundo se ha hecho la típica pregunta sobre cuál es su cometido en la vida. Yo prefiero centrarme en el valor que un individuo puede tener en el mundo, concretamente en la sociedad.

Nos intentan vender que todos somos eslabones de una cadena, que todos somos útiles y podemos colaborar. Pero no creo que eso sea verdad. Muchísima gente podría desaparecer y no se perdería nada de valor. Y me incluyo.

Las posibilidades de ser útil para algo son tan bajas que hemos acabado mirando para otro lado, y por eso medimos el valor de las personas según las relaciones con su entorno: la sociedad. Así, a más y mejores sean las relaciones de una persona con el resto más se le valorará. Alguien con muchos amigos es más valorado por una simple cuestión de cantidad. Alguien muy importante para un círculo pequeño de personas es valorado por la calidad.

Y eso me deja en la duda. ¿Si yo desapareciese, quién me valoraría realmente? ¿Quién me recordaría constantemente como alguien que dejó huella en su vida? Creo que mis padres y solo 1 o 2 personas más. El resto de gente se sorprendería pero se olvidaría rápido de mi existencia. Sería poco más que una anécdota.

Apostaría lo que fuese a que podría cortar la comunicación con todo el mundo y borrar mi presencia en las redes, que nadie movería un dedo para averiguar si ha pasado algo. Exceptuando las pocas personas que he mencionado antes, quizá.

Lo gracioso es que ya lo hice una vez. Tendría 18 o así. Borré mis perfiles, desinstalé Messenger, y no contacté con nadie. Y nadie movió un dedo por mí. Lo hice para ver qué pasaría, aunque ya me imaginaba el resultado. Nadie me valoraba lo suficiente como para buscarme o llamarme.

Pienso esto porque este mes me estoy dando cuenta de muchas cosas. La gente solo me ha hablado cuando ha necesitado algún favor o algo así. Lo hacen por ellos, no por mí.

Me doy cuenta de que no soy ni siquiera segundo plato para la gente. Soy ese plato que el camarero siempre menciona pero nadie elige. Se acuerdan de él porque aparece, prometiendo dejar un buen sabor de boca, pero que acaba encerrado en la cocina.

Es un plato que poco a poco ha ido desapareciendo de las cartas de mucha gente.

Y que no estará disponible si alguna vez les apetece probarlo.

lunes, 7 de agosto de 2017

Certainty

Había una vez una bruja capaz de dar poderes a los humanos que más le interesaran. A diario miles de peticiones llegaban a ella, pero pocas eran las que escuchaba. Ya había pasado mucho desde aquél último deseo, de aquella persona que quería convertirse también en bruja.

Un día oyó la petición de un humano. "Quiero certeza". No pedía nada más. Normalmente los deseos eran explícitos, como posesiones materiales o éxito. Pero esta persona simplemente le pedía certeza. A ella, a la bruja que reinaba en esos dominios.

Esa noche se presentó en sus sueños, y le preguntó qué clase de certeza quería. "Certeza de que no voy a perder todo aquello que me importa". La bruja no se sorprendió. Observó bien su mente y respondió. "Lo que tú quieres no es certeza, sino conocer el futuro. Dime, ¿qué harías si te asegurara que vas a perderlo todo?". El humano habló al instante. "Luchar para salvarlo todo."

"En ese caso, yo no puedo ayudarte. Necesitarías un milagro, y no soy yo quien se encarga de ellos". La bruja iba a retirarse cuando de pronto oyó una respuesta más. "No. Lo que necesitaría es certeza de que podría salvarlo".

La bruja se giró lentamente, se acercó al humano y le susurró. "Eso no depende de mí. Ni siquiera de ti. Ni de nadie. Pero me has caído bien. Espero que nunca tengas que volver a verme. Pero si me necesitas, estaré aquí".

El humano despertó en mitad de la noche. Había soñado algo muy extraño, aunque no lo recordaba. Pero se sentía tranquilo y preparado para cualquier cosa.

domingo, 6 de agosto de 2017

Valor

Debería dejar de pensar en todo lo que no tengo y todo lo que me resultará imposible y empezar a pensar en la suerte que tengo para algunas cosas.

Como por ejemplo, en haber encontrado a una persona tan fantástica con quien compartir mi vida. Y con quien poder realizar todo aquello que algún día podría llegar a proponerme y que me apoyará en todo momento.


La letra de esta canción describe lo que siento ahora mismo, la verdad.

viernes, 28 de julio de 2017

一人で

Se acerca agosto, y con él una época en la que me quedo solo y tranquilo en casa. Tras unos meses en los que he estado relativamente ocupado, quería estar libre y pasarlo bien haciendo bastantes cosas. Y en lo primero que pensé es en la posibilidad de hacer planes con gente algún día, para no estar encerrado en mi casa durante más de un mes sin más compañía que la aparición ocasional de un gato cuando tiene hambre.

Tras comentar la idea a varias personas vi que eso no iba a suceder, porque parece que la gente no está dispuesta a moverse por mí. Se les llena la boca de amistad y soy el primero a quien acuden para cotilleos, ralladas, y cosas similares. Y también soy el primero que se preocupa por ellos, que les anima cuando están de bajón, o que intenta mejorar el contacto. ¿Pero venir hasta aquí para pasar unos días? Si eso tengo que ir yo. Como siempre he tenido que hacer. Pero esta vez no es posible.

Y la gente que conozco por aquí cerca no es mucho mejor. Todo se limita a una serie de conocidos cuya frase máxima es un "¡tenemos que quedar!" pero que a la hora de la verdad muestran un interés nulo y una capacidad inexistente de adaptarse a los planes ajenos. De nuevo, y como siempre ha pasado, tengo que ser yo quien mueva el culo por alguien. Quien proponga fechas, sitios, actividades. Quien muestre algo de interés. Porque si fuese por los demás, podría quedarme todo el mes sentado esperando alguna sugerencia y no llegaría.

Creo que eso es lo que voy a hacer. Quedarme aquí, solo, sin contacto con nadie. Por el simple motivo de que nadie muestra el mínimo interés en mí. ¿Por qué tendría que hacerlo yo? Por mi parte, cedo el turno de forma indefinida.

martes, 20 de junio de 2017

Dulces sueños

Era el día de su cumpleaños. Posiblemente, uno de los más importantes de su vida. Todo había empezado tiempo atrás, pero ese día ocurriría un "adiós" que lo marcaría para siempre.

Un adiós con palabras. Un adiós con caricias. Un adiós con los labios. Y un "no te vayas" en el fondo del corazón. Y sabía que venía de ahí, porque notaba cómo le latía de una forma nueva para él.

Todo lo que deseaba era poder volver a tenerla en sus brazos. Estar junto a ella. Que todo saliese bien. Pero tenía miedo, tenía dudas, y había obstáculos. Lo único que tenía claro eran sus sentimientos, y lo mucho que quería que fuesen correspondidos.

El tiempo pasó. No quería molestarla. Pero no había día en el que no pensara en ella. Temía que ella se hubiese olvidado de él. Temía que hubiese otra persona. Un temor que se confirmaría más adelante, pero esa historia no pertenece a este texto.

El tiempo era demasiado lento, pero finalmente volvió a verla. Volvió a besarla. Volvió a darse cuenta de lo mucho que la amaba. Empezó a destruir los obstáculos. A perder el miedo. A abrir su corazón.

De nuevo, otro adiós. Esta vez apresurado, incompleto, con muchas palabras pendientes. Y entonces empezó su horror. Los meses de dudas, de lágrimas, de sustitutos. De desamor.

Por suerte no duró. Por suerte llegó el día en el que sus sentimientos fueron correspondidos. Y con él, en breves días, la confesión de la verdad. Las cartas sobre la mesa, y un cambio en la confianza.

Casi 7 meses después, él sigue pensando lo mismo que antes. Tenerla en sus brazos. Estar con ella. Que todo saliese bien. Pero había añadido algo más al final de la lista: hacerla feliz, tanto como pudiese. Pues su sonrisa vale más que mil diamantes.

Y por eso le sigue deseando unos dulces sueños cada noche. Para que sonría en sueños.

jueves, 15 de junio de 2017

Cicatrices

NOTA: Finalmente, tras leerlo algunas veces y editar para añadir/modificar información, creo que ya está como quería. Al final todo esto me ha llevado casi una hora, aviso de que es una entrada larga. Sigo sin sueño, pero me voy a meter en la cama tras ver si ha pasado algo por Twitter en este rato.

Tras una hora dando vueltas en la cama (a la que he ido sin sueño, solo porque estaba desanimado para hacer nada más) he visto que lo único que conseguía era perder el tiempo. Y que con la alarma sonando a las 12h me acabaría levantando antes igualmente. Así que voy a intentar enfrentarme a mi pésima habilidad para escribir (y a una extraña molestia que me acaba de aparecer en el meñique izquierdo) para hablar sobre un tema que lleva varios días rondándome por la cabeza.

Antes de mi relación actual, he tenido 2 relaciones más. Y un intento de relación que no cuento, porque no era seria, duró poquísimo y solo nos vimos una vez. Hablaré de ella también. Pero a lo que iba: cada una de esas relaciones me ha acabado dañando de alguna forma u otra. Eran relaciones en las que el engaño era constante, y no hablo solo por mis exparejas sino también por mí, ya que me engañaba a mí mismo y me obligaba a creer cosas que no eran reales. Pero cada cosa a su tiempo.

Primero vino el intento de relación. Conocí a una chica y empezamos a hablar muchísimo. En breves, empezó a tener problemas con su pareja y lo acabaron dejando. Yo tenía interés en ella, pero era un novato en el tema así que lo único que hice fue apoyarla. Y surgió la oportunidad de ir a verla, porque ella quería que yo fuese. En el tiempo antes de ir, me estuvo lanzando bastantes indirectas, pero yo, que era muy inocente para aquél entonces, no las capté. Cuando fui, ella acabó siendo bastante lanzada y aunque no pasó nada mayor, en teoría empezamos a estar juntos. Eso duró nada y menos, ya que la siguiente vez que fui a verla estuvo muy distante. Era la verbena de San Juan, y fui con ella y sus amigos. Y también estaba su exnovio. Al día siguiente, en su casa, me tuvo esperando más de una hora mientras ella hablaba por teléfono. Cuando fui a ver si todo iba bien, estaba sentada en el suelo hablando y sonriendo, pero con los ojos tristes. Finalmente terminó la llamada, vino a hablar conmigo, y me dijo que se había equivocado. Que aún estaba enamorada de su exnovio. Que me había utilizado para olvidarse de él y no le había funcionado.

Por eso no me gusta contarla como una relación. Porque fue un intento que no llegó a nada. Ni siquiera fue serio por su parte. Recuerdo que hice todo el camino de vuelta llorando en el coche mientras conducía por la autopista. ¿Por qué alguien haría algo así? Si yo solo quería que ella estuviese bien. Ahí empecé a pensar que nadie querría estar conmigo por mí, sino por sus intereses. Intenté quitármelo de la cabeza, pero siguió ahí mucho tiempo.

Los meses pasaron y a mí me gustaba una chica. Pero ella no me hacía ni caso, así que cada vez me hacía menos ilusiones. A la vez, una amiga mía estaba demasiado cariñosa conmigo. Se trataba de una persona bastante promiscua que siempre había conseguido a quien quería. Al parecer vio que yo no le haría caso y se puso más y más insistente. Empezamos a quedar y vi que estaba cómodo, así que intentamos empezar algo. Sin embargo, sabía qué clase de persona era. Me dijo que había cambiado por mí, que había dejado atrás su forma de ser de antes. En aquél momento me alegré, porque lo último que quería es una persona que me engañase con otros.

La historia no acabó bien. No, no había cambiado. Simplemente hacía las cosas a escondidas. En su casa la trataban como a una cría y no le dejaban hacer nada. Sin embargo, cuando estaba conmigo sí que le daban permiso para lo que fuese. Su madre se fiaba mucho de mí. Supongo que me veía como alguien responsable. Esto sirvió para que, poco a poco, ella tuviese más oportunidades por parte de su familia y acabase ganándose su confianza. Pero poco después de llegar a la mayoría de edad, vio como ya no tenía que estar conmigo para que le dejaran hacer lo que quisiera. Tenía a otras personas, un grupo entero de gente con quien poder hacer de todo. Ya no le era útil. Así que me dejó, bajo un "ya no es lo mismo". Pero no lo hizo de inmediato, no. Me dijo que se lo pensaría durante una semana y me lo diría cuando acabase. ¿El motivo? Esa semana teníamos un concierto y un viaje a Port Aventura en un grupo enorme. ¿Y a que no sabéis quién conducía y tenía que llevarla?

Estuvo una semana arrastrándome por todas partes mientras yo no podía ni dormir de lo mal que estaba. Cuando la semana acabó (y por tanto, los acontecimientos que había) me dio la patada del todo y se fue con sus nuevas intimidades, con las que llevaba semanas quedando a mis espaldas. Yo ya sospechaba bastante desde un principio, pero quise confiar. De nuevo, me habían utilizado. Me había convertido en un canguro, en un taxista, en una excusa. Y cuando ya no fui útil, se habían deshecho de mí. ¿Cuál era el problema de la gente? Además, toda la temporada antes de montarme ese numerito me había estado tratando fatal, intentando que fuese yo quien la dejase. Quizá fue para no ser "la mala".

Más meses volvieron a pasar. Y esta vez encontré a alguien que me gustó de primeras. Al parecer, la atracción era mútua, así que en menos de dos semanas ya estábamos juntos. A día de hoy no me explico cómo pude aventurarme a entrar en una relación con tan poco tiempo, con una persona que apenas conocía, pero supongo que en ese momento me pareció normal. Se trataba de una chica que se acababa de meter en un foro del que era administrador, y que no tenía muchos amigos. No lo digo como algo despectivo, es algo que ella misma me llegó a decir. Al principio era una persona tierna, que se preocupaba por mí y tenía bastantes detalles. Pero poco a poco fui viendo que tras una careta de inocencia se ocultaba una mala persona. Y lo peor es que me acabó contagiando a mí. Hablaba mal a espaldas de todo el mundo, incluso de las amistades que iba haciendo. No había persona que no criticase o insultase. Y admitía abiertamente aprovecharse de todo el mundo. Recibir a cosplayers con una sonrisa en la cara e insultarlas a ellas y a sus cosplays en cuanto se daban la vuelta.

"Lo que me gusta de estar contigo es que puedo ser yo misma y sé que no me juzgarás por ello", me dijo refiriéndose a ese aspecto oscuro y hater de su personalidad. "Lo mismo digo", respondí intoxicado por ese ambiente tan negativo. En esa etapa fui una persona elitista, que se creía mejor que los demás, que veía normal hablar mal a espaldas de alguien. Recuerdo cómo era en aquél entonces y se me cae la cara de vergüenza. Me arrepiento mucho de haber dicho ciertas cosas.

Tras bastante tiempo, empezó a hablar mucho con un compañero de clase que le iba detrás de forma obvia. A mí no me hacía especial ilusión, pero confiaba en ella. Al fin y al cabo, ella me decía "lo tolero porque es el único amigo que tengo en clase. Me aprovecho de él". Despreció a todos los otros compañeros a los que llamaba amigos y les insultaba. Recuerdo que siempre soltaba mucha mierda sobre una compañera, tildándola de palabras muy feas porque tuvo distintas parejas a lo largo del curso.

Mis celos reales empezaron en una temporada concreta. Era una temporada en la que ella prefería quedarse en el ordenador hablando con su compañero que hacer cosas conmigo. Tanto cuando yo iba a su casa como cuando ella venía a la mía. Me iba a dormir solo mientras ella tardaba horas por quedarse hablando. Bueno, yo no sabía que hablaba con él. "Hacía cosas", pero siempre que miraba a su pantalla estaba la conversa con él abierta. Empecé a dudar de todo.

Una mañana, en su casa, me desperté antes que ella y cogí su portátil para pasar el rato. A continuación hice algo feo, muy feo. Abrí su Facebook para ver qué clase de cosas hablaba con su amigo. Las fichas volaban por todas partes, pero no solo de él a ella. Eran mútuas. Recuerdo que la primera frase que vi era un "a veces pienso que estaría mejor contigo que con Oscar" o algo así. No recuerdo las palabras exactas, pero era claramente un "te preferiría a ti". Eso me puso muy triste, porque yo siempre había intentado tratarla lo mejor que podía, animándola cuando estaba mal (lo que solía ser siempre, pues la chica tenía una depresión contínua por motivos, a mi parecer, bastante ordinarios. Por ejemplo, no tener likes en la página de cosplay o que "media comunidad la odiase", cuando sin embargo iba insultándoles a sus espaldas.)

Justo la noche anterior estuve algo molesto porque fui a su casa para estar con ella y pasó de mí, así que acabó la conversa con su compañero con un "Tengo que irme. Ya sabes por qué es, lo de siempre". De nuevo, con otras palabras que no recuerdo exactamente, pero mostrándome como una molestia y lamentando no poder hablar más con él.

Se lo dije ese mismo día. Estaba muy afectado por esas palabras, y quería que si tenía que decirme algo me lo dijese a la cara. Lo único que hizo fue enfadarse por haber mirado su conversa (lo que es normal) pero no quiso admitir nada de lo que le decía. Me decía que no confiaba en ella, que era un celoso, y que le decía esas cosas a su compañero "solo para aprovecharse de él".

Confieso que repetí el crimen un par de veces más. Volví a ver sus conversas. La peor fue después de la noche en la que celebramos su cumpleaños. Además de algunos amigos en común, también estaban sus compañeros de clase. Entre ellos, el que le iba detrás. Esa noche, de nuevo, estuvo un largo rato con el móvil antes de dormir. Yo ya suponía con quién hablaba. La siguiente mañana volví a ver la conversa y me desplomé en el suelo y me eché a llorar. En un momento de la noche anterior, su compañero se fue con otra compañera a comprar unas cosas a un 24h. La conversa de la noche decía algo así.

-He estado muy celoso al verte tanto con Oscar.
-Yo también me he puesto muy celosa cuando te has ido con Fulanita a comprar. Qué ganas tengo de irme contigo el martes.

Obviamente, el nombre no es Fulanita. Y quizá no era el martes. Pero de eso se trataba. Y de nuevo, me cayó la bronca. "Eres un paranoico. Eres un celoso. No confías en mí."

La historia se prolonga un par de meses más. Pero en toda la mala temporada en general, resulta que ella quedaba con él e iba a verle a su casa en secreto. Acabaron cambiando el sitio por donde se hablaban para que yo no pudiese descubrir más qué se decían. Me dejaba solo en los eventos para irse con él a dar una vuelta. Era más cariñosa de lo normal con él. Lo que hizo fue ir decepcionándome aposta y hablarme solo de cosas de él, para ponerme más celoso y ver si era yo quien explotaba y cortaba la relación.

A esas alturas ya no supe qué pensar cuando me dejó justo tras haber pasado un día entero con él. "No hay nadie más", me decía. Pero lo peor aún estaba por llegar. Supo tenerme varios meses comiéndole de la mano, dándome falsas esperanzas a la vez que me decía que no quería dármelas. Seguía negándome todo lo relativo a una relación con su compañero. "¿Yo con el gordo ese? ¿Pero tú le has visto bien? Ni de broma." A las semanas me confirmó que había empezado a salir con él. ¿Desde cuándo, me pregunté?

Creo que lo mejor que hice fue eliminarla de mi vida. Creo que nunca antes nadie me había hecho tanto daño. Pero antes de que eso pasara, los amigos en común que teníamos se pusieron de su lado y dejaron de hablarme. Ella se hizo la víctima todo el tiempo. No dejaba de mentirme constantemente. Empezó a dejarme en ridículo entre sus círculos y a inventarse cosas sobre mí. E incluso se quedó con algunas cosas mías mientras negaba tenerlas. Eso se llama robo, y entra en el tema económico. Pero ya me vengué de eso. No sé si tuvo repercusión alguna, pero me quedé muy a gusto. Notaba que con todo el daño que me había hecho, tenía que devolvérselo de alguna forma.

A raíz de esta relación perdí mucho la confianza en mí mismo. Aunque no tenía mucha, mi autoestima acabó por los suelos. De nuevo, me habían dado la patada por otra persona. Y me habían engañado sobre el tema, a saber durante cuánto tiempo. Además, los celos hicieron mella en mí, y a veces lo soy más de lo que debería. Todo esto son defectos que he querido dejar claros desde el primer momento, para intentar superarlos poco a poco y con ayuda.

La verdad es que desde ese momento empecé a creerme algo. Pienso que si me han engañado es por mi culpa. Que no es normal que me haya pasado varias veces. El problema debe ser mío. A veces lo pienso muchísimo, y me cuesta mucho quitarme el pensamiento de la cabeza. Creo que es por eso que hoy en día me exijo tanto. Intento no fallar en nada, y doy todo lo posible por la persona que quiero. En parte es algo que me gusta hacer, porque soy así, pero creo que en parte es por el miedo de no estar a la altura de nuevo, y para no ser sustituído por nadie.

Quiero que me valoren. Quiero ser alguien decente y no defraudar a nadie. Quiero que me traten bien y que no me engañen. Quiero recibir la misma ilusión que doy, y que sea de verdad. Que no se vuelvan a aprovechar de mí, o de mi coche, o de mi dinero, o de mi amabilidad. Quiero ser querido. No me importa la forma, pero solo pido que sea sincero.
Y creo que lo estoy consiguiendo.

Llevo bastante tiempo sin rencor dentro. Solo queda desprecio por alguna gente. Y por otra, indiferencia. Para mí es como si no existieran. Esta noche he reabierto heridas para poder contar mi historia ahora que está más congelada. Por suerte puedo cerrarlas sin problema. Y ahora solo queda que las cicatrices sanen del todo, y me convierta en la persona que quiero ser.

No voy a revisar todo este texto, por lo que no sé si me habré expresado muy bien. Y por si alguna de las personas que menciono en el texto lo lee: lo que yo cuento es lo que yo sentí. Lo que pensé, y lo que pienso ahora. Y esto es la pura verdad, por mucho que alguien crea que "las cosas no fueron así". No podéis cambiar lo que pienso.