sábado, 31 de enero de 2015

Pérdida

A lo largo de la vida he ido perdiendo cosas. Tanto materialmente como en los otros sentidos. He perdido objetos, he perdido ilusión, he perdido esperanza... pero nada de eso es definitivo.

Estaba metido en un pozo de desilusión, de soledad, y de monotomía. Hasta que vi la luz al final del túnel, y esa luz era ella. Por primera vez en la vida conocí la verdadera ilusión de vivir. Supe qué significa amar y ser amado. Nunca había pensado poder llegar a semejante nivel de felicidad.

Me encontraba en un punto en el que no podía quejarme. La vida no me daba golpes de suerte, más bien al contrario, pero poco a poco sabía que todo iba a ir a mejor. Económicamente estaba haciendo progresos. En salud, iba tirando. Y en lo más personal, en nosotros, no me podía quejar: tenía la relación perfecta, la que siempre había soñado.

Obviamente, también había momentos complicados en ella. Pero que levante la mano el que haya estado en una relación y no los haya tenido. Nadie. De todas formas, me guiaba por lo que me enseñó ella: quedarme con los momentos buenos. Olvidar los malos, que no sirven para nada. Enfrentarse a la vida con optimismo. Y aunque a veces fracasaba, ahí estaba para recordarme la verdad.

Casi tres años y medio de felicidad. Todo iba sobre ruedas. Poco a poco, cada vez mi vida se fundía más con la suya y viceversa. Vivía con la ilusión que nos dábamos el uno al otro, la de compartir una vida juntos. Una certeza que guiaba nuestros pasos. Que nos hacía incluso pensar en hijos, en vivir juntos, en compartir la vida como almas gemelas durante el resto de nuestros días.

Y eso nos lo demostramos siempre. En mis malos momentos, ahí estaba su sonrisa, sus abrazos, sus ánimos. En los suyos, ahí estaba yo, siempre atento, arrodillado a su lado, cogiéndole las manos y asegurándole que todo iría bien.

Pero todo vino sin previo aviso. Un día, de golpe, todo cambió. Todo el amor que iba a darle no iba a ser recibido. Sí, la gente cambia, pero unos sentimientos tan certeros, que nos acompañan en los mejores años de la vida... no podía ser. No quería aceptar que se rindiera. Que no quisiera seguir adelante a mi lado.

¿Qué hay de todas las promesas? ¿Todas las ilusiones? Todo nuestro amor, huérfano ahora por un guijarro que se coló entre la maquinaria de nuestra vida.

Primero fue desesperación. Luego pensé, y vi mis errores. Pero luego tocó pensar aún más, y vi que no se trata de buscar errores, de echar culpas, de odiar el pasado. Se trata de recuperar el futuro. Y mi futuro es el que llevo tiempo construyendo, un futuro donde ella está a mi lado. No sé si será fácil, no sé si será difícil, pero si me olvido de ella ahora estaría tirando por la borda todo lo que siempre que querido en la vida, junto con mis principios.

Y a veces pienso, ¿si hubiese sido al revés, estaría ella como yo? Sé que sí. Sé que es imposible dejar ir la mano de quien amas, y sé que su perseverancia lograría todo lo que quisiera. Porque ella es fuerte. Pero no sirve de nada pensar en escenarios ficticios.

"Antes te cansarás tú de mí", decías. Pues yo lo negaba. Y sigo siendo el mismo. No, mentira, soy mejor aún. Y te lo demuestro día a día.

En nuestro camino hemos visto los errores del otro. Y hemos aprendido a aceptarlos, solucionarlos, y tener ilusión y esperanza juntos. Al fin y al cabo, siempre he creído que todo ha sido una construcción de los dos, volviéndonos más y más perfectos cada día, sólo por el bienestar del otro. Y aunque hayas tirado la toalla, nunca es tarde para recogerla. Sin rencores, sin odios, sin culpas y sin orgullos. Sólo con la mirada puesta en un futuro feliz. 

Porque todo se arregla. Porque quiero seguir siendo la persona que te apoya pase lo que pase. Y porque así recuperaremos todo lo perdido. Volveremos a hacernos sonreír el uno al otro.

En lo bueno y en lo malo, ¿no?

Siempre he admirado su relación. Y siempre la he identificado con la nuestra. 
Porque quiero estar contigo hasta el final.

Then, .........she felt something
But that was impossible.
After all, Battler had already disappeared into the distance.

And yet, this was Battler.
Battler, who had chased the witch here.....

You think I'll let you away? You're my Golden Witch.

.........Battler, you fool.........you fool......

If you intend to fall into this Abyss, I'll fall with you.
If it's a world of nothingness, we'll disappear together.

But until the very last moment...
........You will be mine...........

The two hugged each other tightly.
.......Fate didn't try and tear them apart again.

And so, the two became one, ......and sank into the Abyss together.....

Then, in that pitch-black world where nothing could be seen,
.......something sparkled. A warm, golden sparkle.

It was...a golden rose.

viernes, 30 de enero de 2015

Palabras ocultas

He vuelto a hacerlo.

He hecho lo mismo que hiciste tú hace casi tres años y medio.

He vuelto a decirte esas palabras que ahora no son recíprocas, y que durante años te he repetido a diario.

No sé si te has dado cuenta. Pero he vuelto a hacer la misma ingenuidad que cuando te conocí.

He puesto la mano en la pantalla, he tapado parte de la frase, y he leído lo que de verdad he querido decirte. Lo que una vez decidí no callarme más.

Pero lo sabes. Tú lo sabes, yo lo sé, y el mundo entero lo sabe.

Te quiero.

Y así, cierro los ojos en la cama mientras me seco las lágrimas de los ojos.

jueves, 29 de enero de 2015

Sentimientos

Tras dos semanas, quiero hacer balance de lo que siento. Y creo que no tengo mejor forma de expresar mis sentimientos que escribiéndolos, así que allévoy.

¿Qué pienso de ti?

Cuando te imagino, cuando pienso en ti... me siento raro, porque se juntan muchos sentimientos a la vez: Primero, enamoramiento, ya que nunca he dejado de estar enamorado de ti. Tu rostro me quita el aliento, tu voz me deja en trance, tu mirada me cautiva.

Luego, amor. El mismo que durante todos estos años me hacía sonreír cada vez que te veía. Esa sensación de seguridad al saber que lo que siento por ti es verdadero, y no un simple capricho.

Por supuesto, añoranza. Te echo mucho de menos. Quiero verte. Pasar tiempo a tu lado, sin tener que preocuparme por nada más. ¡Y más sabiendo cómo estás! Me preocupo por ti todo el día. Y también deseo que ese tiempo contigo sea eterno.

Confianza. En que todo vaya a mejor. En que todo vuelva a ir bien. En que sigamos ganando en vez de perdiendo.

¿Qué pienso de mí y mis circunstancias?

Verdad. He encontrado la verdad. Ya conocía mis sentimientos, pero ahora es cuando más puedo afirmarlos sin tener miedo de lo que diga nadie. Sé lo que siento con toda certeza. No hay engaño alguno.

Empatía. Era uno de mis propósitos, comprender más a la gente. Lo escribí en una entrada el año pasado. Y finalmente, di el paso. Tú me ayudaste.

Esperanza e ilusión. Todas mis ilusiones y mi futuro han estado siempre a tu lado. Lo he valorado siempre por encima de todo y me ha dado fuerzas para seguir adelante.
Determinación. Dispuesto a luchar por lo que de verdad importa. Y de defenderlo ante los que pretendan menospreciar lo que siento. También me da valor para vencer mis miedos.

Tiempo. El tiempo lo dirá todo. Pero no me importa enfrentarme a él. He comprendido que a veces es necesario.


Tras dos semanas, nada ha muerto dentro de mí. Sigo siendo una persona luchadora, que se enfrenta a los obstáculos y no se rinde por lo que de verdad es importante. También soy gracias a ti, una persona optimista, que siempre pensará lo mejor en cada momento, porque no merece la pena estar triste. Y me encantaría mostrarte el optimismo que hay dentro de mí.

Sigo siendo la persona de siempre, tan poco perfecta, pero a la vez tan dispuesta a superar esas imperfecciones sea como sea. Y sé que no he estado solo en esto.

Why are you so perfect?
Porque me haces querer serlo. 

En resumen.


Tony Kakko sí que sabe.

miércoles, 28 de enero de 2015

Regalo

"Ya sabes lo que quiero."

Esa ha sido mi respuesta siempre que se acercan festividades en las que se regalan cosas. Yo nunca he sido una persona de recibir regalos y cosas así, ya que nunca he querido nada material. Esto me ha llevado a situaciones complicadas en las que no he sabido cómo reaccionar.

Sin embargo siempre he tenido una respuesta clara. No quiero regalos, ropa, juegos, dinero, etc. "El regalo eres tú". Estar contigo. Que en ese rato, que al parecer era especial para alguna gente, fuese más especial para ti que para nadie.

Ahora me vuelven a hacer las preguntas. Y aunque la respuesta no cambia... el resultado sí. Por primera vez, lo único que siempre he querido y siempre he tenido no va a estar. Un día que para mí no tiene importancia va a tenerla precisamente por la ausencia de lo único que consideraba importante.

No quería ni paquetes llenos de regalos, ni fiestas, ni una cena especial.

Sólo quería estar contigo. Poder verte, darte la mano, abrazarte, tumbarme a tu lado, que nos dijéramos lo mucho que nos queríamos y que nos durmiéramos juntos. Y levantarnos con la mirada puesta en el horizonte.

Y realmente no me reconozco. Yo, reflexionando sobre algo que siempre me ha importado tan poco. O mejor dicho, cuyo contenido de celebración me da igual. Lo importante era la compañía que sí lo celebraba y quería estar a mi lado.

Pronto acaba un cuarto de siglo en el que mi corazón ha dejado de contar el tiempo.

Anhelo inmencionable

Todas estas noches me faltas tú a mi lado, abrazándome, cautivándome con tu olor.
Mis brazos te buscan para abrazarte, y mis manos para acariciarte.
...Vuelve.

domingo, 25 de enero de 2015

Impotencia y solución

¿Por qué es todo tan cruel? ¿Por qué ya no puedo ni ser yo mismo?

Sólo quiero intentar levantarte los ánimos. ¿No te das cuenta de que sigo considerándote lo más importante que me ha pasado nunca? ¡Claro que me preocupo si estás mal! ¡Claro que voy a desear con toda mi alma quitarte esas cosas malas de encima!

Pero me tratas como a un extraño. En tan poco tiempo, has pasado de ser una persona que me amaba con locura a ser alguien por quien debo luchar otra vez.

Nunca he tergiversado tus palabras. Las recuerdo todas. Las malas y las buenas. Y sobre todo, las decenas de promesas que me hacías. ¿Qué hay de malo en querer seguir creyendo en ti? No hay nada malo. Porque tú mereces más la pena que cualquier otra cosa del mundo.

A veces pienso que quieres crear distancia. Alejarte de mí. Que es la única forma de solucionar las cosas. Por eso tus respuestas a veces son tan claras y frías, porque tienen un mensaje obvio.
Pero...

¿Es realmente lo que quieres?

No hace tanto que me decías que tenías que pensar. Que tenías que considerar muchas cosas. Que no tenías tiempo para ello, porque otros temas reclamaban tu atención. Que cederías si pasaran algunas cosas, y que no lo querías. No creo que fuesen excusas, porque realmente te has visto envuelta en unas circunstancias complicadas. Y siempre he estado ahí para todo lo que necesitaras, pensaras como pensaras.

¿Te estás obligando a no ceder, como dijiste? Por favor, piensa bien si es la mejor solución. Si te obligas a hacer algo que no sientes de corazón... no estás siendo sincera contigo misma.

¿Cuando hablamos, te siguen saliendo algunas palabras del corazón que no sabes si deberías decir? Palabras de afecto, de cariño, de proximidad. Palabras que quizá no dirías a nadie más. Yo me las callo. Pero mi corazón está lleno de las palabras que antes te hacían sonreír, feliz, sin ninguna otra preocupación. Las lágrimas no han logrado borrarlas.

Yo también quiero verte. Hablarte. Reírnos juntos. Y que llegue el día en el que podamos sentarnos el uno ante el otro, nos miremos a los ojos, y hablemos de esto. Con calma. Sin ironías, ni enfados, ni culpas.

Todos pasamos por malos ratos. Te comprendo, aunque lo niegues. El amor trae dolor. Pero ese dolor se cura si no dejas que se ancle a ti. Todos pasamos dolor. Yo he pasado dolor por ti. Pero lo mejor ha sido saber que después de ese dolor vendría una ración tan grande de afecto que me olvidaría por completo de lo anterior.

Conozco matrimonios y relaciones que han estado meses sin hablarse. A veces por tonterías, a veces por cosas serias. Pero luego veían que la persona con la que habían estado tanto tiempo bien valía más que cualquier bache.

Esta es la primera vez que nos pasa algo así. La gota que colmó el vaso. ¿Pero sabes qué? No importa cuánto se moje la mesa. La secaré. Y si el vaso se rompe, lo arreglaré. Las relaciones están marcadas por pequeños esfuerzos que hacen que se superen los obstáculos. Caemos, a veces muy hondo, pero siempre hay una alternativa a rendirse. Y lo que no nos mata nos hace más fuertes.

Siempre has sido una persona positiva, optimista. Siempre que hemos tenido baches, los has ocultado o los has ignorado, poniendo tu mejor sonrisa. Pero las circunstancias te han hecho perder ese optimismo, y por eso te has rendido. Vales mucho más que eso. Siempre te he dicho que eres la más fuerte de los dos. La que me inspiraba cada vez que pasaba algo y me hacía a mí también poner mi mejor sonrisa, dedicada a ti, para transmitirte mi deseo de seguir adelante.

Siento que se haya juntado tanta cosa mala de golpe. Y siento haber sido parte de ellas. Pero déjame ayudarte a arreglarlo todo. "Si no estuvieses ahí"... decías. No voy a dejar de estarlo. Dame la mano y dejemos atrás toda esta depresión. Salgamos adelante más fuertes que nunca.

Quiero derrumbar ese muro de negatividad que te rodea últimamente. Quiero demostrarte que vale la pena seguir adelante.

Sólo te pido la oportunidad de demostrártelo. Y sabes que no te defraudaré.

Sinceridad

Hoy he vuelto a tener varios sueños.

En ellos, vienes conmigo. Me abrazas, me dices que me quieres. Que quieres que todo vuelva a ser como antes. Y somos felices. La peor parte de esos sueños es despertarse y tener que aceptar que esa realidad es ahora algo por lo que tengo que luchar.

Una vez me dijiste que tú nunca me decías mentiras. Que a los demás podías mentirles, pero a mí no. Que conocía tu verdadero yo. Y que era el único que querías que lo conociera. Ese lado que sólo yo veía, que sólo me mostrabas a mí... me cautivaba. Eres realmente tú. Llena de contradicciones, pero sin perder todo aquello que te hace ser única.

En ese sentido creo que no has cambiado. Sigues siendo una contradicción con patas. Adorable, por cierto. Pero esas verdades que me sigues diciendo me preocupan demasiado. ¿Qué concepto tienes de mí ahora? ¿Por qué ya no sigo siendo especial?

Cada vez que escribo una entrada, ardo en deseos de que la leas. De que veas cómo lanzo mis mensajes, aunque acaben sin llegar a ninguna parte. Pero luego me arrepiento durante un rato. ¿Y si estos mensajes te traen más mal que bien? ¿Y si queriendo escribir todo lo que no puedo decir no consigo nada? ¿Y si ya ni te interesan mis sentimientos?

Pero luego recapacito. Eso sería caer en un error. La hora de las dudas y los "y si" acabó hace tiempo ya. Desde hace tiempo es el momento de pensar otra cosa. De confiar en ti y en que sabrás ver los motivos que me empujan a escribir todo esto. Realmente, sólo hay un motivo, y es el más importante de mi vida: tú.

Sigue con esa sinceridad conmigo, y también contigo. Sigue considerándome bonito. Sigue queriendo verme. Porque esos sentimientos sinceros, reales y eternos son los que hacen que las dudas que contaminan nuestra vida y nos separan... desaparezcan.

Recuerdos

¿Recuerdas cuando me pedías tantas cosas? A veces eran cosas como abrazos, besos, pequeños favores. Pero otras eran promesas, consejo en decisiones importantes, que estuviese a tu lado en tus malos momentos.

Cuando dormíamos juntos, te arrimabas a mí. Decías que estabas a gusto abrazándome. Que si por ti fuera, dormirías todas las noches así. Que querías que de esa forma fuese tu -nuestro futuro.

Recuerdo que me dijiste que cada vez que te despertabas, bien fuese por la noche o por la mañana, pensabas en mí. Te preguntabas qué estaría haciendo. Y cuando me veías, se te iluminaba la cara. Sonreías y te acercabas con la intención de capturarme con tus suaves labios.

Recuerdo también malos ratos. Ratos en los que tu cuerpo u otros factores te hacían sufrir. Y yo me arrodillaba a tu lado, te cogía las manos, y te aseguraba que todo iba a arreglarse. Que todo se podía solucionar. Y no solía equivocarme. Me lo agradecías. Y recuerdo que me decías que si no estuviese ahí, no sabrías qué habría pasado.

"¿Quién si no va a hacerlo? Yo te quiero sólo a ti."

Dentro de mi mente hay momentos muy dulces que han dado sentido a mi vida. Contigo he descubierto que vale la pena luchar por las cosas. Y aunque nosotros cambiemos, nuestros principios siguen siendo los mismos.

Pues bien, todos esos recuerdos de ti también tienen otra versión: la tuya. Y sé que es la misma. Que yo te decía lo mismo. Que pienso en ti en todo momento. Que estabas ahí en mis malos momentos. Que no quiero a nadie más en mi vida a parte de ti.

Y ahora tengo miedo de que lo olvides. De no poder volver a prometernos todo eso. De que nuestra vida juntos se rompa en mil pedazos. Pero no dejaré que eso pase. Porque como he dicho, ahora tengo algo por lo que luchar.

Eres la luna que ilumina mi cielo nocturno. Y te amo.

sábado, 24 de enero de 2015

Interior

Hay muchas palabras que se quedan dentro. No puedo decirlas. No aún. Palabras que, juntas, forman frases acogedoras, amables, cariñosas, amorosas incluso. Y hoy se están acumulando muchas.

  • Quiero cuidarte.
  • Quiero plantarme en tu casa y ayudarte en lo que necesites, como siempre he hecho.
  • No quiero que pienses que por no decirte todo esto no quiero hacer nada por ti.
  • Me encantaría poder acurrucarme contigo y darte el calor que te falta.
  • Ya verás qué cena tan rica te preparo.
  • No te preocupes, que ya saco yo al perro. Tú descansa, que lo necesitas.
  • Tranquila, yo me encargo.
  • ¿Necesitas algo más?
  • Me gusta cuidar de ti cuando estás enferma.
  • Ojalá pudieras confiarme estas cosas el resto de nuestra vida.
  • Te amo.
  • Te echo de menos.
  • Necesito verte.
  • No puedo vivir sin ti.

Y sin embargo, creo distancia. Muestro preocupación, pero no es ni una décima parte de lo que quiero mostrar. Pero sé que hacerlo te causaría daño, te incomodaría. Así que es mejor que todo esto quede dentro de mí, de momento.

Cuántas ganas de actuar, y cuánta impotencia.

viernes, 23 de enero de 2015

Luz 2

Hoy, estaba descansando, en un estado relajado, distrayéndome pero a la vez pensando. Era ya de noche, y era tan oscuro que por la ventana de mi habitación ya no se veía nada. Sólo la fría noche invernal.

Hay una parte en el fondo de mi corazón que está llena de esperanza. Y esa esperanza crece o decrece según mi estado anímico del momento. En ese momento, estaba más bien apagada.

Empecé a recordar aquellos días en los que éramos uno. Iba a verte por sorpresa y lo pasábamos en grande. Estábamos juntos durante días y luego nos separábamos durante unas horas, hasta que volvíamos a echarnos de menos y nos volvíamos a reunir, fuese donde fuese.

Por algún motivo extraño también recordé aquellas llamadas inesperadas en las que decías que te abriese la puerta, que estabas fuera, esperando, en una visita sorpresa.

Y por alguna extraña casualidad del destino, justo cuando pensaba eso, una luz apareció en mi ventana. Una luz que venía de fuera y se paraba, como si estuviese esperando a que la puerta se abriese. Y eso era extraño, porque mis padres estaban en casa y no tenía que venir nadie.

Entonces, mi corazón se encogió. La esperanza rebosaba por todo mi cuerpo. Aún era posible. Habías venido a verme. Sólo tenía que esperar la llamada, pero no quise ni esperar. Salí deprisa de la habitación, subí corriendo las escaleras, y me asomé por la puerta. Mi corazón iba muy deprisa.

Y ahí, alumbrando mi ventana, no estaba tu coche. Era el camión de la basura. ¡Qué ironía! Lo único que se para delante, esperando, es el vehículo que recoge los restos, lo inservible, lo que ya no se quiere.

Volví a mi habitación, me desplomé en el sillón, y volví a mis pensamientos.

7 días

Ha pasado casi una semana desde que te vi por última vez. Me pregunto si aún te acordarás de cómo soy y de lo que siento. ¿Sigues pensando en mí? ¿Sigues evitando ceder? ¿Echas de menos mis abrazos? ¿O ahora soy alguien más dentro de tus conocidos?

Yo sí. Cada uno de estos días, no he hecho otra cosa que pensar en ti. Eres la protagonista de todos mis sueños. No hay nada que no me recuerde a ti. Cuando me levanto, cuando me voy a dormir. Cuando me quedo absorto, tumbado en la cama. Cuando salgo a la calle y miro a mi alrededor. Cuando el gato pasa por delante de mí y me clava la mirada.

Y cuando cierro los ojos. Y por mi mente pasan todos nuestros buenos momentos. No quiero otra cosa que seguir creando nuevos instantes a tu lado, que el compendio de recuerdos felices crezca. Que juntos volvamos a sonreír y a enfrentarnos a todos los obstáculos que hay por delante, y los derrotemos cogidos de la mano.

Y sin embargo... estoy solo. Cuando abro los ojos, a mi lado hay un vacío enorme que no puede llenarse de ninguna forma. Todo el sentido que le había dado a la vida parece haberse desvanecido. Y lo único que puedo hacer es sentarme y esperar. Esperar para que te des cuenta de que a pesar de todo lo que hago ahora, lo que te dije era lo más importante que tenía que decirte. Y sé que no te fue cómodo que te lo dijera en su momento, que tenías cosas en las que mentalizarte, pero no podía dejar que pasara el tiempo sin ser sincero contigo, como siempre he sido.

Ahora tengo miedo de que esas palabras que dije caigan en el olvido, de que pienses que te veo de otra forma, o de que quiero pasar página. Porque en este libro el único final que quiero escribir es a tu lado.

Pero sé que todo esto ahora poco importa. Sé que lo que necesitas no soy yo. Ahora te necesitas a ti misma. Tu tiempo. Tu espacio. Ya tendrás tiempo para valorar cosas secundarias más adelante. He aprendido a respetar eso, que es lo más importante para ti ahora mismo. Pero te ruego que no lo olvides. Lo más importante para mí sigues siendo tú.

jueves, 22 de enero de 2015

Empatía

Ponerse en el lugar del otro. Comprender qué le pasa, sus circunstancias, sus motivos, sus sentimientos.

Lo he intentado muchas veces. Y lo he conseguido bastante. Pero cuando estás censurado, cuando no puedes decir todo lo que quieres, las palabras reconfortantes no tienen efecto alguno. Y lo peor es cuando a cambio se recibe lo contrario a lo que se pretendía conseguir. Rechazo, enfado, depresión, desdén, odio.

Claro que puedo comprenderte. Obviamente nuestras circunstancias no son las mismas. Y al parecer, ni siquiera los sentimientos son los mismos. Pero eso no significa que no te conozca lo suficiente como para saber qué te ha llevado a ese estado, a esa amargura, a ese odio. 

No, no he pasado por lo mismo que tú. Pero eso no me hace más feliz. Porque en este momento, lo único que puede hacerme feliz es que tú lo seas. Y de esta forma, esta fórmula imposible se cierra, ya que si para poder empatizar contigo necesito pasar por lo mismo que tú, y eso no me aporta nada en cuanto a la felicidad propia y menos en la mútua... ya no sé ni lo que escribo.

No voy a privarte de lo que sientes, aunque me gustaría poder ser esa pomada que al rato hace efecto. Que te hace dar cuenta de que todo puede ir a mejor. Pero esta vez la herida es tan profunda que nada hace efecto, y además contagia a todo aquel que intenta curarla.

Estoy dispuesto a contagiarme. A introducirme en tu herida, intentar cerrarla, y salir de ahí aunque sea hecho pedazos. Porque te comprendo. Aunque tú seas el Sol y yo la Luna, los dos hemos estado en el mismo cielo.

Si tan sólo recordases todas las veces que te he puesto pomada, con plena empatía, y con una sonrisa para que te curaras antes, sin importarme el contagio e intentando ser el más fuerte para que te pudieras apoyar en mí... verías que te comprendo más que nadie.

Y lo volvería a hacer miles de veces más. Porque al final lo que recuerdo siempre son los momentos en los que no hay herida.

martes, 20 de enero de 2015

Zugzwang

Querer dar pasos. Estar dispuesto a llegar hasta donde sea necesario. Pero saber que, por muy sinceros que sean mis intenciones, lo único que conseguiré es acabar peor.

Tengo tanto que decir. Tanto que probar. Tanto que hacer. Pero eso solo creará una sensación abrumadora que hará que el tiro salga por la culata.

¿Qué me queda, si me quitan mis armas? ¿Qué puedo hacer, a parte de esperar a que los vientos soplen de nuevo en la dirección correcta?

La respuesta duele.
Nada.

No es mi estilo. Soy activo. Me gusta demostrar lo que pienso, y más aún lo que siento, como siempre he hecho. Y todavía más si se trata de lo más importante de mi vida. Pero me toca demostrar que lo que dije con toda sinceridad, lo puedo cumplir.

"Time, it needs time." Pues mi impaciencia me lo pondrá difícil, pero la causa es importante. La más importante de toda mi vida, de hecho. Así que time.

Y cuando más importante es calmarme y esperar, más lento pasa el tiempo y más tiendo a querer liberarme y gritar a los cuatro vientos.


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Por cierto, ya no podréis hacer el imbécil con raids de negativos a mis entradas. Git gud.

domingo, 18 de enero de 2015

Arrepentimiento

He cometido errores. Errores que poco a poco, con ayuda o sin, he ido superando. Errores que según tú, habían quedado en el pasado. "¿Aún le estás dando vueltas? Yo ya ni me acordaba." Sí, me rondaban la cabeza. Pero todo iba a mejor. Y lo estaba demostrando. ¿No recuerdas las veces que cedí por ti? ¿Las veces que acepté esperar? ¿Las veces que puse de mi parte y tomaba iniciativas?

No sólo lo hacía por ti. También lo hacía por mí. Porque quería ser ese tipo de persona. Quería demostrarme a mí mismo, antes que a nadie, que ya no hay problemas.

Pero cometí otro error: querer tu atención. Reclamar tu amor. Solo necesitaba tus mimos, tu cariño, recordarme que sigo siendo parte de ti. Pero eso no te gustó, porque lo llevé a un punto que no debía.

En el mismo momento que puse un pie fuera, me arrepentí. Y pedí perdón. Y me lo concediste. Pero ya no fue lo mismo. Notaba tu incomodidad, y el miedo me poseyó. Y yo te preguntaba si todo iba bien. Y tú me confirmabas que sí, que no pasaba nada con nosotros. "Me autoengañaba." No, no lo hacías. Al contrario, lo que hacías era luchar por lo que querías conservar. "Lo hacía por ti." Y también por ti.

Por eso, ahora no me crees. Ahora no sé cómo demostrártelo. Pero te aseguro que los errores ya no existen. Te aseguro que he cambiado, he superado mi problema y si me das una oportunidad te lo demostraré. Dices que llego tarde, pero no es cierto. Lleva tiempo solucionado. Y en parte lo sabes, porque lo has visto. Y has notado la mejoría en todo. Y sabes bien que todo lo que he hecho en este tiempo, lo he hecho por ti. Queriéndote. Preocupándome. Haciendo que cada instante, cada detalle, te hiciera feliz. Nunca nadie va a tratarte tan bien como yo, ni a quererte, ni cuidarte tanto.

¿No crees que ya hemos sufrido bastante los dos? ¿No crees que ya me has castigado suficiente? No te pido una segunda oportunidad. Te pido LA oportunidad. Te amo, y nunca voy a dejar de demostrártelo. Porque no eres lo mejor que me ha pasado en la vida: directamente, eres mi vida. Y sé que en el fondo de tu corazón, yo sigo siendo la tuya.

Sé que tras ese enfado tuyo hay algo más: miedo. Miedo a que vuelva a herirte. A que vuelva a pasar lo que no debería- no, lo que no volverá a pasar más.

Y como dije en un escrito anterior, confío en ti. Confío en tu sentido común. En que no tirarás todos estos años de felicidad por la borda. Sólo tienes que confiar tú en mí.

Porque este no es el último de nuestros episodios juntos.

Si tan sólo las palabras te sirvieran, escribiría libros por ti.
Si quieres actos, sólo dame la oportunidad. 

Sueños

Ah, el cruel mundo onírico.

Desde ese día, desde esa misma noche, sólo hace que repetirse el mismo sueño, en formas distintas, pero con un mismo concepto.

Sueño que volvemos a estar juntos. Sueño que nos abrazamos, que nos besamos, que dejamos atrás todos los malos momentos y nos centramos en el futuro. Y que la felicidad nos inunda.

Pero entonces me despierto, ya que el sueño es breve. Y lo primero que hago, por instinto, es palpar a oscuras para ver si estás. Te busco y no te encuentro. Te llamo y no respondes. Y entonces, la respiración se me acelera. El corazón palpita demasiado rápido. Un sudor frío recorre mi cuerpo, y las lágrimas pretenden acumularse en mis ojos. La ansiedad quiere apoderarse de mi cuerpo.

Vuelvo a dormirme. Pero de nuevo, las visiones se repiten, y el sentimiento también. Ruego al universo que vengas a consolarme, a acariciarme para calmarme, como siempre habías hecho. Pero no apareces.

Cuando me doy cuenta, el sueño se ha repetido más de 10 veces en una noche. Y finalmente, llega el amanecer, y me quedo en la cama, despierto, durante horas, pensando en ti. Pensando en cómo volver a ser felices como antes.

Ah, el cruel mundo onírico. No sé qué pretende mostrándome todo eso, pero cuando pongo los pies en el suelo, me levanto y veo la luz por la ventana... me doy cuenta de que lo único que causa es que quiera esforzarme más para que esos sueños vuelvan a ser una realidad.

sábado, 17 de enero de 2015

Confío en ti.

No hay nada peor en este mundo que perder la confianza o el amor de la persona que más quieres en la vida.

Lo que una persona cualquiera podría catalogar como una simple ruptura, superable con el tiempo, no es algo que yo pueda compartir. No cuando sabes que todo se puede arreglar.

Yo estaba en un pozo de mierda. No tenía ilusiones en la vida, ni siquiera ganas de hacer nada nunca. Pero todo eso cambió cuando la conocí. Puedo decir claramente que es lo mejor que me ha pasado en toda la vida. Me ha creado ilusiones. Futuro. Amor. Y todo ello contando con esa persona.

Es por eso que cuando alguien así planea desaparecer de tu lado, tu mundo... tu universo... se acaban. Y una persona cualquiera lo aceptaría. Le costaría, pero lo aceptaría.

Pero yo no soy una persona cualquiera. No pienso dejar que el tiempo de la felicidad se acabe. Voy a luchar días, semanas, meses, años. Porque creo en que las cosas se arreglan. Que si hay amor, todo se supera. Y que a veces arrepentirse es necesario.

Y me pongo a mí como ejemplo. He cometido errores. Algunos más grandes que otros. Si pudiera, viajaría al pasado y daría una paliza a mi antiguo yo. Pero tuve a una persona diciéndome que no pasaba nada. Que seguiría ahí. Que todo se olvidaría, y que no debía pensar más en el pasado. Que no le diese vueltas. Y me arrepentí muchísimo de mis errores, pero seguí adelante, superándolos con el tiempo.

Y por eso precisamente he intentado siempre demostrar que cada vez iba a mejor. Que los celos, la ira sin fundamento, y la desconfianza desaparecían. Que mi voluntad siempre es de arreglar las cosas. Que lo bueno siempre va a ser lo presente, y lo más importante.

Sólo reclamaba un poco de atención. Sólo quería saber siempre que sigo formando parte de ese sueño. Y la recibí, hasta que un día las cosas cambiaron.

Soy una persona que siempre ha dado todo lo posible por la persona más importante del mundo, y seguiré así. Me he deprimido con facilidad, pero siempre he acabado poniendo una sonrisa, para demostrar al mundo (y a mí mundo) que no iba a venirme abajo.

Sin embargo ahora me encuentro en una situación desesperada, incierta. El futuro pinta duro, pero no me voy a rendir. Porque sé que lo importante de verdad acabará triunfando sobre lo negativo. Porque sé que dentro, en el fondo, siempre queda algo de verdad, de amor. Y porque confío. No eres una persona que vaya a tomar una decisión que va a hacernos tanto daño. Siempre has querido lo mejor para los dos y sabes que todo va a ir a mejor si me das la mano. Porque si me echas de menos es porque nos seguimos necesitando.

Puedo afirmarlo sin tapujos: 
Confío en ti. 
Ahora, confía tú en mí, porque es cuando más importa.

martes, 13 de enero de 2015

Aislado


No hay nada peor que el hecho de que tu mundo de desmorone.

Que todo aquello que habías conocido hasta el momento, que te daba fuerzas para seguir adelante, desaparezca.

Dejar de saber si el motivo por el que uno se despierta por las mañanas sigue ahí.

Que te aíslen de lo que siempre has tenido. Que te impidan entrar en ello. No saber qué pasa ahí dentro.

Aspirar, como mucho, a poder verlo desde lejos. Tener miedo de que otros lo mancillen.

Creer que todo lo que has vivido ha sido una gran mentira, y que la realidad es lo que tienes ahora.

“¿Por qué?”, te preguntarás. “¿Qué ha pasado? ¿En qué punto me he equivocado? ¿Qué he hecho yo para merecer esto?”

Y no hay respuesta. Y nunca la habrá. Porque la respuesta está dentro de ese mundo, ese universo que hasta entonces te recibía cada día con los brazos abiertos. Y ese mundo ahora queda demasiado lejos, y demasiado cerrado.

¿Luchar por él? Es una opción. Pero da la sensación de que es una lucha perdida. De que habrá una defensa tan férrea que sólo conseguirá que sea más difícil volver.

Y de nuevo, la pregunta. “¿Por qué pasa esto? ¿Por qué no puede seguir como hasta ahora?”.

Y el destino es quedarse flotando en la nada, sin nadie. Morir esperando a que vuelvas a ser recibido.

Muchos pensarán que no hay razón para volver a un sitio del cual has sido expulsado, y más sin motivo. Pero cuando ese sitio es lo único que necesitas para vivir, la paciencia se alarga, a la par que el sufrimiento. El dolor se intensifica, y la esperanza se apaga poco a poco.

Y solo queda el ansia de saber la verdad. La negativa de aceptar cualquier motivo insustancial. Pero saber que nunca se tendrá esa verdad… solo hace que crear más dolor dentro de ti.

Y edito, ya que tras el amanecer, el mundo me ha sonreído de nuevo. Y la sensación es magnífica.

martes, 6 de enero de 2015

Preocupación

Hoy toca algo de texto profundo. Sobre la preocupación en general. Es un tema que toca las relaciones entre personas, y no es algo de lo que tenga estudios o conocimientos avanzados, así que simplemente se tratará de una pequeña reflexión sobre un caso en el que todos nos hemos visto alguna vez en la vida.

Más de una vez alguien te habrá dicho un "no te preocupes". Y tú, a lo mejor, no estabas ni preocupado y sólo lo fingías por pura cortesía. O a lo mejor realmente eres una persona educada y te preocupas por cada pequeña cosa de la vida, como por ejemplo dejar salir antes de entrar o ceder el asiento en el autobús a una persona que lo necesita.

Y sin embargo, recibimos un "no te preocupes". Una frase que analizada fríamente parece ser un vaso de agua fría a tus molestias o sentimientos. Jo, encima que me preocupo por si tiene calor y si quiere que ponga el aire acondicionado. Por eso muchas veces esa frase viene acompañada de un agradecimiento, para luego mostrar un sentimiento de "no es necesario que hagas esto por mí". Bien porque la persona no lo necesite realmente, o porque crea que no lo merezca, o por no sentirse mal al tener a alguien preocupado (¡ni que fuera malo!).

Pero, ¿por qué nos preocupamos por los demás? En un mundo en el que la competitividad es lo que mueve las personas, donde lo importante es tener mejor perfil que los demás para un trabajo, mejor aspecto físico que el guapo de turno para poder ligar, o incluso más dinero que los otros para poder vivir mejor... ¿es normal que queramos sacrificar parte de nuestro privilegio o nuestra comodidad por el bien de los demás?

La respuesta es... depende. Si ese otro individuo es una persona que no nos importa, o que nos ha hecho malas jugadas, o que simplemente nos cae mal, la mayoría de gente no perderá el tiempo con él. Pero si se trata de una persona cercana, bien sea familiar, amigo, pareja, o incluso mascota (que no suelen responder), algo dentro de nosotros hace que queramos que esa persona esté mejor siempre. Cambiará según el caso. Afecto, aprecio, amistad, amor, colegueo. Pero siempre serán muestras para que esa persona pueda estar bien a nuestro lado o en nuestra compañía.

Y aunque habrá casos de puro interés del momento, la mayoría de las veces son sinceras. Cuando un colega le ofrece un trago de refresco a otro, es para que no tenga sed. Cuando una chica ve que su otra amiga está mareada, la ayudará a tumbarse o a que se recupere. Cuando un chico ve que su pareja está deprimida o que le pasa algo malo, se desvivirá, perderá el sueño, e irá donde sea necesario para que pueda estar mejor. Y todos estos son casos de la vida de cada día, cosas que pasan y luego suelen olvidarse hasta que se piensa de nuevo.

Ah, sí, recuerdo cuando tuve el accidente. La única persona que de verdad se preocupó fue...
La vez que su novió le dejó, estaba destrozada. Menos mal que estuve allí, porque si no habría estado sola.

Vale, la gente no suele ir fardando de preocupaciones, pero se entienden los casos.

Y es que las personas no dejarán de preocuparse solo porque otro lo diga. Si se está preocupado, se está y punto. Un puñado de palabras no cambiarán gran cosa. Y menos si son escritas. Así que cada vez que alguien que os importe, bien sea por colegueo o por amor, os diga "no te preocupes", rebatidlo demostrando vuestros sentimientos. Porque no hay nada que siente mejor que ser sincero con ellos.