martes, 20 de junio de 2017

Dulces sueños

Era el día de su cumpleaños. Posiblemente, uno de los más importantes de su vida. Todo había empezado tiempo atrás, pero ese día ocurriría un "adiós" que lo marcaría para siempre.

Un adiós con palabras. Un adiós con caricias. Un adiós con los labios. Y un "no te vayas" en el fondo del corazón. Y sabía que venía de ahí, porque notaba cómo le latía de una forma nueva para él.

Todo lo que deseaba era poder volver a tenerla en sus brazos. Estar junto a ella. Que todo saliese bien. Pero tenía miedo, tenía dudas, y había obstáculos. Lo único que tenía claro eran sus sentimientos, y lo mucho que quería que fuesen correspondidos.

El tiempo pasó. No quería molestarla. Pero no había día en el que no pensara en ella. Temía que ella se hubiese olvidado de él. Temía que hubiese otra persona. Un temor que se confirmaría más adelante, pero esa historia no pertenece a este texto.

El tiempo era demasiado lento, pero finalmente volvió a verla. Volvió a besarla. Volvió a darse cuenta de lo mucho que la amaba. Empezó a destruir los obstáculos. A perder el miedo. A abrir su corazón.

De nuevo, otro adiós. Esta vez apresurado, incompleto, con muchas palabras pendientes. Y entonces empezó su horror. Los meses de dudas, de lágrimas, de sustitutos. De desamor.

Por suerte no duró. Por suerte llegó el día en el que sus sentimientos fueron correspondidos. Y con él, en breves días, la confesión de la verdad. Las cartas sobre la mesa, y un cambio en la confianza.

Casi 7 meses después, él sigue pensando lo mismo que antes. Tenerla en sus brazos. Estar con ella. Que todo saliese bien. Pero había añadido algo más al final de la lista: hacerla feliz, tanto como pudiese. Pues su sonrisa vale más que mil diamantes.

Y por eso le sigue deseando unos dulces sueños cada noche. Para que sonría en sueños.

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